Perisodáctilos

El Orden Perissodactyla está compuesto por mamíferos que se caracterizan por tener un número impar de dedos en sus extremidades, que además terminan en pezuña. Ejemplos actuales de perisodáctilos son los caballos, los rinocerontes y los tapires, pero en el Eoceno no existía ninguno de ellos, en su lugar teníamos a otros perisodáctilos, sus antepasados, que también vivieron en la Cuenca del Duero. En este caso tenemos una gran representación, con numerosos géneros y especies nuevos y que forman parte de los Lophiodóntidos, los Paleotéridos y los Pachinolófidos. En muchos casos la presencia de estos fósiles ha servido para precisar las dataciones de los yacimientos y para hacer aproximaciones con los del resto del continente europeo, por lo que su presencia ha sido (y es) muy valiosa. Por ejemplo, una característica común a casi todos los perisodáctilos presentes en la Cuenca del Duero, no habitual en el resto de Europa, es el desarrollo de hipsodoncia. Es decir, los mamíferos herbívoros de la Cuenca del Duero tenían dientes molares más duros, con gran desarrollo de la corona y un esmalte de mayor dureza entre las cúspides, que parece apuntar hacia una adaptación a una vegetación de tipo sabana, con amplias zonas de pasto, lo que provocaba que junto con la hierba los animales también ingerían parte de tierra, produciéndose así un mayor desgaste en su dentición, y que podía indicarnos unas condiciones climáticas con periodos de sequía y una incipiente estacionalidad.